Me repugna la discoteca llena de un ruido que zumba en tus tímpanos y todo es baile y alcohol.
No es mi lugar preferido. Y no entiendo qué ha pasado, si antes, recuerdo hacer lo que fuese necesario por estar allí.
Parece que me he cansado de lo social, de lo efímero y de lo vano.
Ya no me paso 2 horas frente al espejo tratando de verme por lo menos más adulta, de revista o combinada.
La última película del momento no me llama la atención... ¡Peor aún! Ni siquiera me interesa el cine.
¿Para qué? Es decir, 2 horas y media mirando una pantalla inmensa, con los ojos que duelen o arden y la boca salada. No podemos hablar con nuestros amigos porque hay que hacer silencio y la película puede ser terriblemente aburrida, pero quedamos absortos. ¿Con qué sentido?
Una playa, una piscina... ¿Con quién? ¿Con los amigos que no les gusta caminar por la arena? ¿Con los que no recolectan caracolas o hablan cerca de la orilla de sus sueños mientras oyen las olas romper? ¿Con los que no saben jugar como niños en el agua de la piscina? No tengo ganas.
Ni siquiera tengo ganas de escribir para los demás.
Decidí hace poquito que necesito ser libre y parte de ello es librarme de lo que piensen, de lo que pienses.
Quiero estar sola. Pero sola de algunos. De aquellas personas a las que reconozco como conscientes quiero disfrutar.
Mientras pensaré un poco más como reorganizar mi circulo de amigos.
Es agradable estar con quienes no te juzgan, más aún suman a tu vida actitudes positivas.
Si Quieres ser mi amigo(a)... Trata de ser sincero(a) contigo mismo(a) Antes...






